domingo, 19 de octubre de 2014

ELOGIO DE LA SOLEDAD.

ELOGIO DE LA SOLEDAD. Mi libertad, tú que me has hecho amar hasta la soledad. George Moustaki
Voy a la sierra una vez al mes con un grupo de montaña. Comenzamos a ser compañeros de viaje y ahora ya somos un grupo de amigos. De esos que invitarías a una boda , si hubiera bodas que celebrar. La montaña ya casi es un pretexto para estar juntos, para hablar, para compartir una tortilla de patatas. Hay quien piensa que hablamos más que andamos. Y es un poco verdad. Cuando te ves como una fila de hormigas entre aquellas moles de piedra, sientes de algún modo el resguardo de la manada. Pues bien, este sábado salí solo. Hice un recorrido largo y hermoso por la Pedriza. Allí siempre me lleva la nostalgia. Con las botas de mi padre, una bolsa de deporte de Munich 72 y una guitarra trepaba yo con mis amigos por aquellos riscos. Sin planos ni puñetera idea, generalmente acabábamos en la pradera del Yelmo y metidos en algún vivac de roca terminábamos cantando canciones de Quilapayún.
Pero no quiero yo hoy hablar de bellas montañas sino de la soledad. No sé porqué se asocian siempre ambos sustantivos. Será porque con las nubes rozándote la cabeza y las moles graníticas en los pies, baja a visitarte esa dama tan inquietante como seductora que tiene bello nombre de mujer. Te deja que tú elijas el camino, lo que es tan placentero como perturbador. Pero la soledad es exigente ,te quiere para ella sola. A ella no le puedes mentir, con ella no puedes fingir. Ve todas tus debilidades, tus miedos e incertidumbres. En cada recodo del camino que haces solo eres tú quien decide, no tienes a quien echar la culpa del error. Si te equivocas has de desandar lo andado y volver a empezar. Finalmente, si consigues llegar a ese collado, a ese objetivo que te marcaste en la senda de tu vida, te sentirás satisfecho. Respirarás hondo y estarás preparado para otro reto.
el contrario si tu cobardía o tu prudencia te hizo renunciar a alcanzar ese objetivo la duda, pájaro negro de la conciencia, revoloteará siempre a tu lado para lamentar lo que pudo ser y no fue. Afortunadamente este sábado fui feliz en mi cita con la soledad. Creo que la conquisté, me sonrió y acabamos juntos y cómplices.
Hoy recordando esos momentos pienso que la soledad es deseable cuando ese que te acompaña cuando vas solo , no tiene nada que reprocharte. Cuando ese compañero invisible que eres tú mismo no te trae sus miedos en el peor momento, en el de la decisión. Cuando esa dama hermosa es compasiva y está dispuesta a marcharse sin pedírselo, por su propia voluntad. Esa soledad que disfruté junto a mis queridas piedras de la Pedriza es buena, muy buena sobre todo, cuando sabes que hay alguien que espera que vuelvas. Alguien que espera que le digas dónde estuviste hablando con la soledad. 19 de octubre. 2.014 Felipe.

4 comentarios:

Angela Rivero del Barrio dijo...

¡Pufff que bonito! aunque a mi, la verdad, la soledad no me cae bien. La considero una visita de compromiso y aunque ella me acompañe la trato con cortesía y aunque este disfrutando siempre evoco a las compañías con quien me gustaría compartir el momento.
Creo que ella me lo nota

Felipe dijo...

Totalmente de acuerdo. La soledad sólo cuando es elegida es deseable. Un beso.

Carlos dijo...

Felipe, ...me encanta como la has ido describiendo, genera deseo, consuelo, y tranquilidad. Me hace revivir buenos y malos momentos, pero estar acompañado por la mismísima soledad, no es estar solo, es compartir algunos momentos con tu "yo oculto", y la mejor secretaria, ella, jamás desvela un secreto. Lo que le cuento queda entre ella y yo.
Felicidades Felipe

Clara dijo...

¡Qué bonito!